Muchas veces, en una partida un DJ cambia el resultado de sus tablas o dados, en beneficio de la salud de un PJ o del éxito de una partida. ¿Esto es trampa?
Para dilucidarlo haremos un breve análisis de algunas situaciones concretas. El DJ es una persona que carga con una gran responsabilidad: ser los sentidos, el destino y -por qué no- un poco el Dios de un grupo aventurero. Tiene que interpretar cada acción de los personajes a través de un sistema de reglas, teniendo en cuenta la situación reinante en ese momento. Menuda tarea.
Ah, sí! las reglas. No se rasguen las vestiduras por ellas, porque, aunque algunos no lo crean, no son la Biblia, ni el Corán, ni nada que se les parezca. Son sólo una “guía” para hacer posibles las acciones en el juego. Un DJ tiene la ardua tarea de darle forma coherente al juego (dentro de cada mundo), mediante una herramienta, el sistema, que no lo abarca todo.
Recuerdo el caso (por lo ridículo) de un PJ que estaba frente a un cordón montañoso y tenía que trepar unos 50 metros para llegar a una pequeña meseta, con una pendiente de casi 90 grados de inclinación (venía empinada la cosa). Como tenía una buena bonificación en montar, lo quiso hacer con el caballo y, obviamente, el DJ no se lo permitió. Las tablas dan una posibilidad y un jugador puede sacar puntajes increíbles, pero si aplicamos el “sentido común” los caballos no trepan, a menos que estemos jugando Toon, y éste no era el caso. Sistemas como Merp, Rolemaster y otros dan sus resultados de combates, hechizos y demás acciones a través de tablas. Ahora bien, si la tabla dice que mataste a tu contrincante de un fuerte golpe en la cabeza, tendremos que ver si es aplicable en esa situación. Si nuestro personaje es un hobbit de 0,90 m armado con una espada y el rival es un troll de 3,90 m, será difícil que le dé en la cabeza. Pero el crítico nos dice que el rival murió, por lo que tendremos que adaptar el texto, siendo más probable que el hobbit le pegara debajo de la cintura, afinándole la voz, antes de que el troll cayera por última vez.
Un DJ debe intentar dar verosimilitud al juego utilizando el sistema hasta donde pueda y el sentido común hasta donde deba. No les echemos las culpas a los sistemas de nuestras propias falencias. Por más ridícula o inusual que sea una situación, es muy probable que el sistema nos dé alguna punta para intentar resolverla. Para esto hay que interpretar las reglas, no sólo leerlas. Interpretarlas amerita un ejercicio intelectual, una “lectura a fondo” del sistema, para conocer sus virtudes y defectos, tomando de las reglas lo que necesitemos, sin trasladar sus falencias al juego y cuidando de no introducir errores propios. Es importante para la partida que el DJ sepa qué hacer en cada situación. Una forma de lograrlo, sin pasar papelones delante de nuestros jugadores, es probando el sistema en alguna aventura, historia, historieta, o inclusive un pasaje de una novela o película que tenga que ver con el mundo que queremos dirigir; tratando de resolver las situaciones que allí se plantean mediante el conjunto de reglas que intentamos desentrañar. Es una forma de no masacrar a los PJ’s por ignorancia. Si bien sabemos que “echando a perder se aprende”, tampoco hay que exagerar; no olvidemos que aquellos que se sientan a una mesa a jugar no lo hacen para ser eliminados por incapacidad del master.
Los jugadores intentan poner en funcionamiento su imaginación en un universo determinado, quieren “vivirlo”, disfrutarlo, correr los riesgos que ello implica y sentir esa adrenalina correr por sus venas. Y para que esta alquimia sea posible, es importante utilizar las reglas como uno de los medios para darle una buena oportunidad a la partida de resultar divertida a los ojos de todos.
Cuanto más estudiado se tenga un conjunto de reglas, más herramientas tendremos para resolver un problema. Esto, sumado a la experiencia y una pizca de sentido común, son los mejores componentes para sacar una partida adelante, al menos por parte del DJ. La función de un DJ no es solamente ser un poco Dios, es más difícil. Debe intentar ser coherente con un material muy sensible y rico: la fantasía de sus jugadores.
Por Salvatore