El campeonato comenzó hace mucho, mucho tiempo, cuando Tata Dios, deliberadamente, les encajó una patada en el trasero a nuestro bien conocido Mandinga y a todo cuanto gil lo siguiera.
Juego editado por JOC Internacional.
Distribuye en Argentina Gil Galad.
Dados: Se utilizan dados de 6 caras.
Por supuesto, el susodicho le juró venganza, cosa que le va saliendo bien. Y desde entonces los chicos malos se encarnan en cuanta lacra haya en el mundo: gangsters, traficantes, terroristas, etcétera, haciendo difícil el trabajo de los del piso de arriba.
En su infinita sabiduría, Dios manda a sus dulces niñitos de alitas blancas, los ángeles, a encarnarse en humanos sin mal (que ganan el cielo a cambio de prestar sus cuerpos) con la consigna de que a veces deben morir unos pocos para salvar a unos muchos. Esto provoca que cambien sus arpitas celestiales por M60, granadas, Magnum 44, espadas; en fin, cuanta cosa pueda partir a un hombre o demonio por la mitad.
Ahora bien, lacra por lacra, entre los que supuestamente fueron demonios encotraremos a ministros de economía, gerentes de grandes empresas, rectores de colegios, etcétera. Y entre los ángeles a Mahatma Gandi, Martin Luther King, Juana de Arco. Y además hay extraños casos en los que ángeles y demonios hicieron una tregua momentánea para luchar contra un enemigo común. Encontramos, por ejemplo el caso de Adolf Hitler, contra el cual se unieron porque Dios no podía ver tanto mal en el mundo y Mandinga no soportaba que un humano le hiciera la competencia por cuenta propia.
Esta es más o menos la base del juego. El sistema es extremadamente simple: junta todo en una única tabla -que es muy piola, rápida y extremadamente bien pensada-, gracias a lo cual no hay que detenerse demasiado en números y uno se pueda dedicar más llanamente al Rol. En cuanto a las reglas son lamentablemente escasas y poco explicadas. Entonces tenemos: por un lado un sistema de números a prueba de tontos y por otro un sistema de reglas que presenta un desafío a la imaginación de cuanto master abra este libro.
Ahora bien, ¿por qué anteriormente dijimos que eran dos juegos en uno? Porque se puede jugar a que somos todos chicos buenos (Magna Veritas) o todos chicos malos (In Nomine Satanis).
Si jugamos a ser los buenos, tenemos la ventaja de una mayor resistencia al daño y la satisfacción de poder hacer justicia por mano propia, echándoles la culpa de nuestros errores a nuestros superiores, arcángeles o lo que sea (el libro describe todo el escalafón celestial).
¿Se imaginan, qué monada, un querubín artillado?
Si jugamos con chicos malos tendremos más poderes mentales, atribuidos a su ascendencia, podremos darnos una buena vida -violar, matar, masacrar, torturar y robar a gusto-, y encima que por ello nos feliciten los príncipes demonios, contrapartida infernal de los arcángeles (que también en el averno la jerarquía domina).
El juego se desarrolla en un presente bastante parecido al nuestro, con la única diferencia de que si bien la gente no sabe de la existencia de esta eterna guerra, notan que algo extraño acontece en el mundo, pero no saben qué.
Tanto ángeles como demonios se diferencian de los humanos, simples peones en un tablero de ajedrez, por tener una fuerza hasta seis veces superior a la humana al igual que su agilidad, voluntad, reflejos, etcétera, de modo que, en algunos casos, los humanos no pueden menos que sospechar. Un jueves cualquiera, a las 7 de la tarde, al cruzar la 9 de Julio por Corrientes vemos a un skinhead saltar sin el menor esfuerzo por encima de un colectivo y seguir corriendo a una velocidad tres veces la normal, perseguido por una oficinista de minifalda y tacos altos, equipada con una Itaka recortada y saltando como un campeón olímpico de atletismo. ¿No que es un poco raro?
Lógicamente, esta clase de escenas comunmente están prohibidas para proteger la fachada, pero a veces no pueden evitarse. Estas cosas, en un entorno de suspenso, espionaje y traiciones, hacen de In Nomine Satanis, (si son demonios), y Magna Veritas, (si son ángeles), un juego recomendado sólo para excelentes masters y jugadores sin escrúpulos y con ganas de bucear en la interminable lucha entre el Bien y el Mal.
Nota de la Red.: lamentamos informar, a quienes aún no se hayan dado cuenta, que en este juego los ángeles no tienen mejores modales que los demonios.
Que lo disfruten…
Por Elendur y Pegaso.