Queremos compartir en esta oportunidad la primera parte de la entrevista a que algunos integrantes de La Cofradia del Sur le realizaron al mismo en la pasada muestra en la Recoleta.
Ale Fernández: Primero que nada queremos agradecerte el tiempo que nos das.
Ciruelo: No, de nada.
Ale Fernández: ¿Cuál fue el primer dragón que viste y te llamó la atención?
Ciruelo: Indudablemente fue cuando era muy chico, así que no recuerdo tanto. Lo que sí recuerdo es que debe de haber sido de muy chico. Ya desde los 5 años estaba dibujando cosas fantásticas. Yo leía en esa época comics, así que habrá sido ahí. Éramos dos o tres amigos que nos pasábamos las revistas, y después íbamos a un canje de revistas para cambiarlas por otras. Recuerdo que en ese momento yo no hacía diferencia entre un dragón o una jirafa, todo me fascinaba. Pero esto es muy normal en todos los chicos. A mí en espacial me fascinaban los animales. De hecho, tenía varios libros de animales, y dibujaba animales, ya sea un cocodrilo o un dragón, porque para mi eran lo mismo, pertenecían las mismo plano. Y bueno, después cuando fui avanzando un poquito, empecé a dibujar más, me la pasaba dibujando. Además, empezaba a ver en la televisión películas de estilo fantástico o épico, y me quedaba fascinado.
Ale Fernández: ¿Qué cosas te acordás de esa época que tengan que ver?
Ciruelo: De todo. Por ejemplo, me acuerdo que me fascinaba Patoruzu. Después me leía las D’Artagnan, El Toni, todas las de Columbo, Scorpio, había varias. Después Isidoro, Anteojito, Billiken, era fanático de esa revistas. Era muy chiquito cuando las consumía. Así que todo eso fue mi primera literatura y mi primer contacto con todo esto, que no se cortó. Esto le pasa a todos los chicos, es muy normal, la diferencia es que yo no lo corté. Y en la vida de la gente eso normalmente se lo corta. A mí no me lo cortó nadie, por varios motivos: mi padre murió cuando yo tenía 4 años, mi madre tuvo que salir a trabajar y nos dejaba con una hermana de ella que también se había quedado viuda. Estábamos al cuidado de mi tía desde las 7 de la mañana hasta las 10 de la noche, mientras mi vieja hacia todo lo que podía para ganar unos mangos. Y por eso, mi hermano y yo nos criamos en la calle prácticamente.
Ale Fernández: ¿Tu hermano está en el mismo tema que vos?
Ciruelo: Si, diseño gráfico, pero colaboramos mucho y solemos hacer cosas juntos. Él es un gran profesional. Pero bueno, te decía, no nos lo cortaron porque no tuvimos familia. Ahora yo veo a los nenes en cualquier parte del mundo que los traen los padres a las exposiciones, o el nene quiere ser dibujante de dragones cuando sea grande y el padre indudablemente: “Bueno, vas a hacer esto como hobbie pero vas a ser un arquitecto o un empresario cuando seas grande, no podés ser un dibujante de dragones”. O me encuentro con chicos con chicos de 22 que están viviendo ese problema, o me encuentro con tipos de 35 que ya pasaron por ese problema, son empresarios exitosos, y ahora que tienen un montón de guita quieren hacer lo que no les dejaron hacer. Todo eso me lo voy encontrando en exposiciones y en ferias, donde vienen a hablar conmigo y me cuentan.
Ale Fernández: Bueno, vos por suerte estás en esto, que es lo que te gusta.
Ciruelo: Sí, me considero un privilegiado. Es algo que agradezco siempre. De hecho, haber nacido en la Argentina es el mejor entrenamiento. Si vos pasas esto, estás entrenado para cualquier cosa. Incluso hay una especia de formula, si vos naciste en Argentina y llegaste a los 23, donde ya empezaste a lucharte la vida, si te vas a Europa tenés la experiencia de un tipo de 35 años allá. Tenés el empuje que nadie tiene, y tenés una gran creatividad. Todo eso te lo dio, justamente, haber vivido en una ciudad que va a alta velocidad y a presión. Es un motor que va a 200 kilómetros por hora. Cuando en un país europeo bajan la velocidad, te das cuenta que estás más preparado. Europa es una sociedad de confort, ese confort tiene aspectos buenos y varios malos. Lo bueno es ese confort, que en teoría disfrutan. Lo malo es que no hay presión, entonces hay varias cosas que están mal ahí. Los chicos llegan a las 30 años sin haber trabajado, porque están estudiando y cuando terminan la universidad hacen un máster. Esa es la regla. Entonces llegan a los 30 y todavía viven con sus padres, y todavía están estudiando. Entonces, recién ahí empiezan a plantearse que van a hacer. Y lo más probable es que hayan estudiado algo que no les gusta, porque como todos son universitarios, por ahí intentaron entrar a medicina y no entraron porque se completo la cantidad de cupos, o no les dieron las notas, y estudian arquitectura. Y después hacen 2 años de arquitectura y se cambian a abogacía. La cuestión es que tienen que hacer una carrera universitaria por imposición de la sociedad. Eso hace que lleguen a los 30 años con un título universitario pero sin una vocación, entonces todavía no trabajaron, no saben si lo que estudiaron les gusta, todavía no saben como es el mundo. Los que realmente siempre están un paso más allá son los alemanes. Los alemanes cuando los chicos terminan la secundaria, a las 18 años, el gobierno les paga un año sabático y les da un suelto de alrededor de 2.000 euros mensuales durante un año. ¿Qué hacen los chicos? Tienen millones de programas y de cosas, y todos se van a viajar por el mundo. Todos. Se toman un año para viajar, entre los 18 y los 19. Y después se les termina eso y vuelven a su país, donde estudian. Pero ya tienen un año de experiencia y de oxigeno.
Ale Fernández: Qué bien pensado.
Ciruelo: Si, eso después se lo descuentan en la jubilación cuando empiezan a aportar. Van devolviendo de a poquito eso que el gobierno les dio. Pero los alemanes están 60 años avanzados con respecto al resto del mundo en esas cuestiones. Entonces eso te permite tomar una decisión a los 19 que va a ser para el resto de tu vida. Si vos no tenés esa perspectiva estás en un mecanismo bastante oscuro y siniestro. Eso es lo que pasa en Europa, en realidad las sociedades de confort son sociedades de gente disconforme.
Volviendo a nuestro tema, la cuestión del argentino, o más bien del porteño, porque es acá donde está el calefón. Y todo eso te empuja y te forja. Si vos te podés salir de este sistema entre los 25 y los 30, realmente sos un campeón en otro sistema. Ahora, si seguís acá por mucho más tiempo, este mismo sistema te va a consumir, porque no encontraste un momento para parar y tomar las riendas. Siempre te va empujando, empujando, y en un momento te tiró. Así es como lo veo yo después de toda la vuelta que di. A mí me pasó eso en el momento apropiado. Yo llegué allá a los 23 años y realmente era Reutemann, porque de una agencia de publicidad me encargaban una ilustración para dentro de 10 días, y yo la hacía en 2 días. Y la hacía con un nivel que los tipos ni se imaginaban. Y claro, porque si acá no la hago en dos días esa ilustración no me da para comer. Yo laburaba como un animal, al punto que yo a los 18 ya era profesional acá, y laburé hasta los 23, pero dormía 4 horas por día y el resto del tiempo estaba dibujando como un animal. Entonces, llegué a Europa y tenía la experiencia que allá alcanza un ilustrador profesional de 35, y yo tenía 23. Eso se ve en todos los argentinos que van para allá: tienen más creatividad, más empuje, más tolerancia. Y en esta situación, se encuentran con que es una pista de despegue para ellos.
<< Grabación de la Entrevista >>
Contraseña del Zip: http://www.cofradiadelsur.com.ar
(Continuará…) http://www.lacofradiadelsur.com.ar/entrevista-a-ciruelo-segunda-parte