El Imperio de Karl Franz es la nación humana más grande y poderosa del Viejo Mundo; sin embargo sus enemigos atacan sin descanso. Orcos por el sur y el este, la amenaza del Caos que crece en el norte, los Hombres Bestia que infestan Drakwald en Middenheim y los bosques de las Montañas Centrales en Ostland.

Las fuerzas imperiales que mantienen a raya a estos invasores están compuestas exclusivamente por simples humanos. No son tan resistentes como un orco ni tan poderosos como un demonio, y por supuesto ni remotamente tan temibles como un tumulario no muerto. La mayor arma de los generales imperiales es la inteligencia e inventiva. Las gruesas corazas de sus caballeros pueden absorber terribles impactos y las máquinas de guerra pueden reducir dragones a una pulpa sanguinolenta; las versátiles unidades de infantería pueden combatir contra los más poderosos enemigos gracias al apoyo de los ballesteros, arcabuceros y los destacamentos de milicia que cubren sus flancos.
Uno de los mayores atractivos del Imperio- si no el mayor- es la pletórica variedad de unidades que deleitarán tanto al general como al coleccionista. Para el general esto significa que podrá utilizar ejércitos balanceados que enfrenten exitosamente a cualquier enemigo, en los que cada unidad actúe en concierto con el resto, aumentando así la eficacia de los relativamente mediocres guerreros humanos. También es posible que un comandante ya experimentado (y con una vasta cantidad de miniaturas entre las que elegir) desee jugar de tanto en tanto con una de las variantes más singulares del ejército imperial, quizás inspirado por el trasfondo de alguna provincia en particular. Sin tener que recurrir a listas no oficiales o apéndices, pueden diseñarse listas de ejército que consten exclusivamente de caballeros acompañados por algunas unidades de pistoleros, o también fuerzas exclusivamente compuestas de infantería y máquinas de guerra (por supuesto estos son sólo dos de los muchos ejércitos posibles). Los personajes que lideran en la mesa a nuestras tropas también ofrecen una interesante cantidad de opciones: hay magos de diferentes niveles de poder (aunque ninguno iguala a los grandes magos de las razas élficas u otros maestros similares), un gran maestre de las órdenes de caballería que aunque un poco caro en puntos puede ser invaluable en algunos ejércitos, un conde elector que si bien no es el mejor guerrero del mundo otorga otras ventajas a la hora de liderar a las tropas, fanáticos sacerdotes sigmaritas, aguerridos capitanes que pueden potenciar sensiblemente las habilidades de una unidad e ingenieros capaces de salvar a nuestros preciados cañones de un accidente lamentable. Combinando estos héroes con las distintas unidades se amplía aún más el espectro de posibilidades: ¿qué tal un ejército de campesinos (compuesto de compañías libres, arqueros y batidores) guiados por sus celosos sacerdotes en pos de los bandidos Hombres Bestia que asolan sus granjas?
El coleccionista encontrará en la unión de los diferentes tipos de tropa con las hermosas miniaturas producidas para ellas (afortunadamente casi todas en plástico) una fuente inagotable de posibilidades de conversión y esquemas de colores que se alejan de lo rutinario. Los ejércitos temáticos basados en las diferentes provincias y deidades del Imperio aumentarán todavía más los caminos que puede seguir el modelista mientras completa su hueste. La línea de miniaturas de Mordheim no debe ser dejada de lado, muchas de sus figuras son excelentes para personalizar el ejército (ya sea utilizándolas como héroes e incluso como versiones novedosas de algunas unidades).
Las tácticas del Imperio son tan variadas como sus personajes y tropas, por lo que es muy fácil adaptarlo a cualquier estilo de juego. Es un ejército que jamás se vuelve monótono, ya que no depende realmente de ninguno de sus componentes en especial (aunque tiene una merecida fama por su potencia de fuego y su caballería pesada) y siempre puede modificarse para corresponder al ánimo del jugador (cualquiera puede despertarse un día con ganas de explicarle al amistoso orco del barrio lo que un ejército de arcabuceros y morteros puede hacer). Hay unidades y posibilidades de modelísmo para todos los gustos.
“¡Hombres de Sigmar!
Puedo ver en vuestros ojos que tenéis miedo al enemigo. Puedo ver en vuestros ojos que os preguntáis cómo podemos combatir a monstruos tan terribles. ¡Hombres del Imperio, yo tengo la respuesta! Los combatiremos con nuestro acero, los combatiremos con nuestro valor; pero, por encima de todo, ¡los combatiremos con nuestra Fe en Sigmar!”
Que lo disfruten…
Por Francisco Malini Verdú.