Diario de un Inquisidor 2º parte

Written by Ricardo Blanch on Agosto 14th, 2008

Aquí encontrarás la segunda parte parte de la particular forma de armar una lista de ejército de Cazadores de Demonios usando el transfondo y la historia para un G.T.A. (Gran Torneo Argentino de Warhammer).; donde describe la experiencia de cada batalla jugada y los resultados de la misma.

DIARIO DE UN INQUISIDOR
Por Francisco Malini Verdu

Segunda Parte: Batallas de prueba.

Después de haber completado la lista de ejército llegó la hora de enfrentar a mis Cazadores de Demonios con la mayor cantidad posible de oponentes antes del torneo (no quiero entrar en la competencia con menos de cinco o seis partidas con mi nuevo ejército).

En esta segunda parte del Diario de un Inquisidor podrán ver los reportes (resumidos por cuestiones de espacio) de las batallas que jugué antes del GTA. Por supuesto que no serán reportes minuciosos, ya que entre las batallas del torneo y las de práctica suman siete u ocho, sería bastante aburrido (y larguísimo) hacer un recuento turno por turno de los juegos. Espero recordar bien las batallas, si me equivoco ya me corregirán mis oponentes.

Primera Partida: Patrulla contra Caos Absoluto.

El primer contrincante de mis nuevos ejércitos es, invariablemente, mi hermano Nicolás. Tener otro jugador de Warhammer 40k a dos metros de la puerta de tu dormitorio es bastante cómodo. Él también está probando su ejército para el torneo.

Sus fuerzas constaban de un Señor del Caos (con un montón de mutaciones dolorosas y un arma demoníaca que le da un +2 a la Fuerza y no permite salvaciones por armadura) acompañado por una escolta de Elegidos, dos escuadras de Marines del Caos en Rhinos con cañones láser y rifles de plasma (los sargentos de estas unidades y el de los Elegidos tenían puños de combate), una unidad de Mastines de Khorne, una unidad de Desangradores de Khorne, una unidad de tres pibes medio raros que mutan y tienen chiquicientas armas pesadas (se llaman Obliterators en inglés, siempre me olvido el nombre en castellano), un Dreadnought con cañón de plasma y una unidad de Havocks con tres lanzamisiles y un cañón automático (y la condenada habilidad de Tank Hunters).

Esta partida fue algo irregular, en primer lugar porque todavía no teníamos todas las reglas del torneo. En segundo lugar porque veníamos de meses de Warhammer Fantasy y por último por que yo había prestado el Codex: Cazadores de Demonios, por lo que no podía fijarme las reglas que no recordara.

El terreno era bastante nutrido, un río cruzaba la mesa en diagonal, había un par de colinas, construcciones en ruinas a mi derecha, un bosque a la izquierda y varias barricadas por toda la mesa.

Mi hermano decidió comenzar con una de sus unidades de Marines del Caos en Rhino y yo con una unidad de Tropas de Asalto en Chimera.

El primer turno fue bastante poco emocionante, mi vehículo estaba escondido detrás del bosque por lo que mi oponente no hizo nada en su turno (como siempre a él le tocó empezar) y yo me limité a mover la Chimera para que pudiera disparar contra su Rhino, manteniéndose desenfilada con el bosque. El único daño causado en el primer turno de juego fue una tripulación aturdida.

En los siguientes turnos las reservas de ambos llegaron con bastante velocidad, mi hermano concentró casi todo su ataque por el flanco derecho, a través de las ruinas y el único puente del río. La escuadra Orestes fue la encargada de contenerlo junto con la unidad a pie de Tropas de Asalto (que lograron una cantidad increíble de bajas con sus rifles de plasma).

Al principio hubo algunas cosas que parecieron inclinar la partida a mi favor (por ejemplo el Gran Inquisidor y su séquito volaron un Rhino a martillazos matando a todos sus ocupantes) pero siempre eran retribuidos por mi hermanito en su turno (siguiendo con el caso del desafortunado Gran Inquisidor, justo después de destruir el Rhino los Arrasadores entraron al campo de batalla y vaporizaron a su escolta). Una mención especial debería darse a las Tropas de Asalto que sacaron del puente a una unidad de Marines del Caos (con la invaluable ayuda del Inquisidor Esceva y su martillo, por supuesto), aunque lamentablemente fueron despedazados por unos Desangradores de Khorne momentos después.

Al final, llegado el sexto turno, sólo quedaban de mi ejército el Gran Maestre Pilades, el Gran Inquisidor Mallum Virens y el Dreadnought Endimión. De las fuerzas caóticas quedaban el Señor del Caos con dos de sus elegidos y la unidad de Havocks. El Gran Maestre y el Señor del Caos (junto con los tres restantes miembros de su escolta, incluyendo un puño de combate) se trabaron en un combate que sin lugar a dudas definiría la partida. El comandante caótico fue el primero en atacar, dejando al valiente Pilades con una sola herida. La respuesta del Maestre fue devastadora, con un 100% de eficacia. Impactó con sus cuatro ataques e hirió con todos ellos, justo una herida por enemigo. Después de revisar las reglas para armas psíquicas (yo juego con Guardia Imperial, no entiendo estos chuchumengos mágicos) le asigné la herida psíquica al Señor del Caos (que había fallado su tirada invulnerable de 5+) y realicé el chequeo psíquico, obteniendo un doble as. El general del caos murió y, con cierta esperanza debo admitirlo, procedí a resolver el ataque de la disformidad. Resultó ser de fuerza 2, lo que reafirmó mis expectativas, pero fue suficiente (mediante un maldito 6 en mi tirada para herir) para matar a mi Gran Maestre. Este fue el primero de los papelones que me haría pasar Pilades, que parece tener cierta afición hacia el número uno.

Un empate casi exacto.

Lo que aprendí de esta partida es que las misiones en donde todo queda en reservas pueden ser bastante perjudiciales para mi ejército, hay muchas unidades a pie que jamás llegan a ningún lado y el Inquisidor Esceva queda separado de su unidad de Tropas de Asalto. También quedé dolorosamente conciente de la fragilidad del séquito del Gran Inquisidor, una andanada de bólters es suficiente para diezmarla.

Segunda Partida: Reconocimiento contra Lobos Espaciales

Habiendo recuperado mi codex y, ahora sí, utilizando las reglas de torneo, decidí desafiar a Damián Geisser y sus lobitos a una batalla. Quería comprobar si mi ejército podía enfrentarse con cierto éxito a una fuerza de combate cuerpo a cuerpo con algunos vehículos pesados (por partidas pasadas de Damián sabía que tenía un corazoncito blindado que siempre lo llevaba a incluir algún Land Raider y a veces un Leman Russ Exterminator).

El ejército de Lobos Espaciales estaba compuesto por un Land Raider Cruzado, un Land Raider normal, un Dreadnought Venerable, un Dreadnought normal, una enorme jauría de Garras Sangrientas y una jauría de Cazadores Grises, la ubicua unidad de Exploradores Lobo, una jauría de Garras Sangrientas en moto y dos personajes (creo que eran un Sacerdote Rúnico y un Jefe de la Guardia de Lobo).

Nos tocó la misión Reconocimiento, con un campo minado cerca de la zona de despliegue de los Lobos (si quieren saber como funcionan estos sucesos vean las reglas de los GTA en esta misma página). El terreno estaba casi completamente cubierto por ruinas con un pequeño bosque en al flanco izquierdo.

Desde el principio me di cuenta de que los Land Raiders iban a ser un problema, sólo mi Dreadnought y los rifles de fusión podían dañarlos. Si lograba mover primero tendría alguna posibilidad de al menos acercarme un poco o quizás dañar alguno de sus Dreadnoughts (el venerable con cañón láser acoplado era un tanto preocupante).

Por supuesto que Damián jugó primero, inmovilizando una Chimera y, milagrosamente, errando sus disparos a mi pobre Dreadnought. Los primeros turnos fueron bastante rápidos, los Land Raiders avanzaban 15cm, disparando para todos lados y yo sacaba 1 en todas las tiradas de rifles de fusión. Los Exploradores Lobo, a diferencia de mi Gran Maestre y la escuadra Dédalo, aparecieron en el segundo turno y procedieron a volar en pedazos la Chimera del Inquisidor Esceva, después de la explosión el Cruzado tiroteó a los pobres sobrevivientes dejando vivos sólo a Esceva y dos Tropas de Asalto (casualmente los dos rifles de fusión).

En el tercer turno dos disparos afortunados me permitieron destruir los Dreadnoughts enemigos (uno con un superficial de cañón psíquico y el otro con mi propio Dreadnought). La escuadra Orestes fue asaltada por las Garras Sangrientas y el Líder de Batalla de la Guardia del Lobo, lo que originó un enorme combate que se resolvería a mi favor después de la intervención del Gran Inquisidor con su séquito y la Asesina del Culto de la Muerte (que logró matar al personaje, sólo para ser reducida a pulpa por un puño de combate).

En el otro flanco las cosas no se veían tan bien, después de un exitoso combate contra las motos (bendita sea la armadura artesanal), Esceva había sido asaltado por la unidad de Cazadores Grises y el Sacerdote Rúnico, por suerte todos tenían puños de combate, lo que le permitió al valiente Inquisidor causar un par de bajas antes de ser pulverizado. La escuadra Dédalo decidió que era el momento de hacer su aparición, pero lamentablemente el Gran Maestre pensó que el cuarto turno era todavía muy temprano para teletransportarse.

Aunque el Cruzado estaba acobardado, el espíritu de la máquina y los bólters pesados del Land Raider común fueron suficientes para reducir significativamente a la unidad de Tropas de Asalto a pie, antes de ser asaltada por los Exploradores (les dio miedito enfrentarse a diez de los mejores hombres de la Schola Progenium). Nuevamente el Gran Inquisidor salvó el día eliminando (aunque en realidad lo hicieran los servidores de combate) a los molestos Exploradores Lobo, consolidando más adelante su posición para poder atacar a los Cazadores Grises.

Cuando todo se había reducido a un solo gran combate entre los lobos restantes, la escuadra Dédalo (cuyo Juez había logrado matar al Sacerdote Rúnico) y el Gran Inquisidor, la escuadra del Gran Maestre apareció, si no se hubieran desviado tanto en su despliegue rápido podrían haber asaltado en el sexto turno, aunque no era necesario hubiera sido un poco menos frustrante. En este turno el Dreadnought (que estaba inmovilizado y dañado por todos lados) revirtió la pésima puntería que había tenido en los turnos anteriores (sacando varias veces doble as con su cañón láser acoplado) y voló por los aires al Land Raider, ahora quedaba el Cruzado que sólo podía disparar bólters contra mis Caballeros Grises.

En el sexto turno el Dreadnought nuevamente probó su valor y destruyó, con un superficial de su lanzamisiles, al Cruzado. De mi ejército sólo quedaba la escuadra del Gran Maestre, indemne a causa de su prolongada ausencia, el Gran Inquisidor malherido y creo que un Caballero Gris de la escuadra Dédalo, además del Dreadnought dañado.

Aunque fue una victoria (pírrica pero cuenta), hay varias cosas que podría haber hecho mejor. En primer lugar, dejé a los exterminadores en reserva simplemente porque pueden hacer despliegue rápido y cuando llegaron no pensé bien en dónde colocarlos. Lo mismo ocurrió con la escuadra Dédalo, en lugar de llegar por despliegue rápido, ambas unidades podrían haber asaltado un turno antes si hubieran caminado desde mi borde de la mesa. Alternativamente, podrían haberse lanzado en la zona de despliegue de mi enemigo, dándome 200 puntos cada una (esto hubiese sido lo indicado con la escuadra del Gran Maestre que llegó demasiado tarde como para participar en los combates).

Tercera Partida: Patrulla contra Necrones

Javier estaba buscando oponentes para probar sus Necrones para el torneo, así que sacrifiqué una tarde para darle una mano (no le hagan caso a los rumores que dicen que la partida fue idea mía y que falté a una clase aburrida para holgazanear en Atmósfera).

El ejército Necrón constaba de tres unidades de Guerreros (de diez miembros), una de Inmortales también de diez miembros, un Destructor Pesado, tres Destructores, dos Líderes (uno de ellos en plataforma de destructor), una escuadra de Desolladores (no recuerdo si era de diez u ocho miniaturas), un Monolito (odio este aparato) y creo que nada más.

La tirada en la tabla de sucesos resultó en un rectángulo de terreno difícil a la izquierda de mi zona de despliegue. El resto del terreno estaba bastante lleno de ruinas, con un río atravesando la mesa y un lago en el flanco derecho.

Javier desplegó una unidad de guerreros y yo la unidad de Tropas de Asalto en su Chimera. Yo obtuve el primer turno. Como es de esperarse en estas misiones, no ocurrió demasiado hasta el tercer turno, cuando las reservas que llegaron avanzaron un poco. El Gran Inquisidor guió su Chimera a través del río y el lago (nunca desperdicio la oportunidad de utilizar esa ridícula regla de “anfibia”) por la derecha mientras que el Inquisidor Esceva y sus Tropas de Asalto atacaban a la unidad de Guerreros Necrones que estaba en el centro de la mesa. El Gran Maestre con su escolta y la escuadra Dédalo lograron una coordinación perfecta, cayendo en apoyo del Gran Inquisidor y causando numerosas bajas con sus disparos (esta fue la batalla en que mejor funcionaron).

El resto del juego se desarrolló en el área de despliegue de Javier, siguiendo la misma rutina todos los turnos. Mis Caballeros Grises mataban a un montón de Necrones, que se levantaban con ayuda del orbe de la resurrección y a veces escapaban gracias al monolito. Las unidades a pie de mi ejército no participaron en la batalla más que sumando algunos disparos cada tanto. Finalmente se limitaron a tomar cuadrantes, ya que no había posibilidad de que tuvieran mayor influencia en la batalla.

Frustrado por los Líderes Necrones que levantaban a cada maldito robotito que yo mataba, decidí ocuparme de ellos primero. Así, el Gran Maestre les dio golpe tras golpe con su arma psíquica hasta que dejaron de autorrepararse. Una vez que los líderes hubieron caído, no sin antes destruir una unidad de Tropas de Asalto, reducir a la escuadra Dédalo a un solo miembro, matar a la mitad de los exterminadores, destruir las Chimeras y alguna otra cosa que debo estar olvidando; el resto de los Necrones comenzó a sufrir los martillos de trueno y armas némesis.

Finalmente, cerca del sexto turno, los Necrones fueron reducidos a menos del 25% de su número inicial y se desactivaron.

Creo que lo más importante de esta partida es que demostró una de las debilidades de mi ejército: al no poder darles transportes a los Caballeros Grises suelen quedar rezagados (más aún en batallas con reservas) y a veces no influyen en todo el juego. Se limitan a caminar por ahí con la asesina y las Tropas de Asalto a pie. Esta batalla se decidió por cuatro unidades que lucharon en la zona de despliegue del enemigo, si hubieran sufrido un contraataque fuerte no habría tenido con qué reforzarlas. Por otro lado, ésta era sólo la segunda o tercera partida de Javier, lo que significó sin duda una ventaja para mí.

Cuarta Partida: Toma de Objetivo Táctico contra Marines Espaciales

La última batalla de prueba antes del GTA sería contra Juan Pablo Sánchez, campeón del año pasado (sí, aclaro esto porque me destrozó y queda mejor que te gane el campeón).

Su ejército incluía un Capellán con retros, un Gran Inquisidor con cañón psíquico y séquito con serviarma con cañón de plasma y algunos ayudantes más, dos Escuadras Tácticas en Razorbacks, tres Land Speeders (uno de cada clase), dos Predators, un Whirlwind, una Escuadra Táctica en Rhino, un Dreadnought con cañón de plasma, una unidad de Scouts con rifles de francotirador y una asesina Callidus (Juano sufre de Callidus-dependencia aguda J). Espero no haber olvidado nada.

Desde el principio de la batalla estuvo bastante claro que los Marines dominarían el día. Además de que las partidas con demasiadas reservas desarticulan un poco a mi ejército, las dos Chimeras fueron destruidas rápidamente, dejando a todas las tropas a pie y a la frágil escuadra del Gran Inquisidor a merced del Whirlwind y un Land Speeder Tifón. Los únicos que salvaron un poco el honor fueron los exterminadores, que pasaron a cuchillo a un par de unidades, aunque a la postre probó ser inútil y la poderosa unidad terminó sus días rodeada de Predators y Razorbacks con bonitos cañones láser y rifles de plasma acoplados.
Para sumarle insulto a la injuria, la tres veces maldita asesina Callidus destruyó a la escuadra Orestes por completo, sin ayuda.

Lo único a mi favor en esta partida, fue que nos olvidamos se usar el campo minado que justamente ocupaba la porción de la mesa por la que Juan había desfilado con todos sus tanques, por lo que él dice que la victoria no cuenta. Yo no creo que algunas explosiones hubieran cambiado demasiado las cosas.

Quedó confirmada mi teoría de que un ejército con demasiados vehículos y pocas tropas podía complicarme bastante. Era probable que pudiera matar a la mayoría de las tropas (como ocurrió en esta batalla en la que sobrevivieron sólo cinco o seis Marines Espaciales), pero no podía hacer demasiado contra los vehículos (en esta partida sólo destruí un par de tanques enemigos, y sobre todo gracias al blindaje 11 y a un par de superficiales afortunados). Esto me perjudicaba de dos formas: en primer lugar no podía obtener puntos de victoria de los tanques y en segundo lugar me era imposible (o casi) evitar que un enemigo con muchos vehículos (aunque fuesen ligeros) reclamara cuadrantes o pasara a mi zona de despliegue.

Sólo quedaba la esperanza de que en misiones sin tantas reservas, los multilásers, cañones psíquicos y el Dreadnought fueran capaces de ocuparse aunque sea de algunos vehículos ligeros. El problema serían sólo las misiones en las que únicamente las tropas de línea comenzaran en el campo de batalla.

Con un balance aceptablemente positivo por tratarse de un nuevo ejército con ciertas limitaciones me preparé para darle a mis miniaturas los últimos retoques antes del GTA. Con dos victorias, un empate y una derrota, tenía cierta confianza en poder clasificar, dependiendo de los ejércitos que me tocaran en la zona. No logré jugar las cinco batallas que quería disputar antes del torneo, pero estas cuatro fueron suficientes para conocer un poco más las capacidades y limitaciones del ejército.

En unos días estará lista la tercera parte de Diario de un Inquisidor, que se ocupará de las partidas del torneo.

Que lo disfruten…

 

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